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Aldo Meneses: “En Chile hemos ido perdiendo el bienestar o la felicidad en el trabajo”

El trabajo es muy importante para las personas no solo porque les genera ingresos, sino también debido a que les permite una “reafirmación de identidad y sentido de pertenencia”. Por lo tanto, la inestabilidad en el empleo -contratos a honorarios, por ejemplo- o su pérdida repercuten directamente en su bienestar emocional o psicológico. Y en un contexto marcado por el Covid-19 es un hecho que “en Chile se ha ido perdiendo la felicidad o el bienestar en el trabajo”, destacó el doctor Aldo Meneses en su clase magistral “Felicidad y trabajo: una mirada a la organización laboral en pandemia”, que organizaron la Escuela de Ingeniería Comercial y el Campus Santiago de la Universidad de Valparaíso.


Además, explicó que las empresas que crean ambientes laborales más gratos y creativos son más “resilientes”, capaces de adaptarse a los cambios y sobrevivir a las crisis. Por lo tanto, planteó que se requieren liderazgos organizacionales que apunten en esa dirección.


El doctor en Sociología de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) inició su presentación refiriéndose al ranking mundial de la felicidad, que es elaborado por la ONU y la Universidad de Columbia, que ha mostrado una drástica caída de Chile en los últimos tres años, desde el lugar 26 en el 2019 al 43 en 2021, entre 156 países.


Al respecto, Meneses sostuvo que “hemos ido perdiendo lo que podríamos llamar felicidad o bienestar en el trabajo. Y no debiera extrañar la relación entre felicidad y trabajo, porque a fin de cuentas pasamos la mayor parte del día trabajando, que son mucho más que ocho horas diarias, sobre todo en pandemia en que los horarios de trabajo son tremendamente difusos. El trabajo incluye mantener relaciones interpersonales, estilos de comunicación, relaciones con directivos o de autoridad, cumplimiento de objetivos y sobre todo reafirmación de identidad y sentido de pertenencia (…) Es decir, lo que constituye nuestra identidad más estructural es lo que hacemos en nuestra actividad laboral”.


El académico agregó que “lo delicado es que aquello que nos provoca mayor identidad y sentido de pertenencia es lo que muchas veces hemos debilitado más”. Meneses lo ejemplificó en la contratación a honorarios y en la flexibilidad para los despidos, situaciones que “afectan la estabilidad emocional e identitaria de las personas”. En ese sentido, dijo que más que la pérdida de ingresos los efectos más devastadores del desempleo son “la pérdida de estatus social, la baja autoestima y el perder un lugar donde compartir”.


Por ello, enfatizó, “podemos señalar con razón que en la medida que nuestros empleados se sienten parte de un sistema que les hace sentido, en el que hay oportunidades de desarrollo profesional y personal, están cómodos con la cultura organizacional dominante y están ciertos que su contribución aporta a un propósito mayor, existirá una relación estrecha entre felicidad y trabajo. Incluso, como lo muestran estudios, un trabajador feliz es entre treinta y cuarenta por ciento más productivo y mejora la ejecución de sus tareas”, explicó Meneses.


“Hoy, en una situación de pandemia, hemos podido constatar todo lo que se pierde al no poder tener relaciones cara a cara”, puntualizó.


Resiliencia organizacional


El experto subrayó que suele pensarse en la resiliencia como algo individual, en circunstancias que en las organizaciones debe ser un esfuerzo colectivo para poder enfrentar de mejor manera los cambios del entorno y las crisis como la del Covid-19, que ha significado el cierre de empresas, reestructuraciones y adaptación a las nuevas demandas (fabricación de mascarillas, por ejemplo) y al teletrabajo, el impulso del comercio electrónico y la automatización de procesos, entre otras consecuencias.


“La pandemia creó espacios para la tecnificación del trabajo. Pero la otra cara de la moneda es que mucha gente que se sentía reconocida y pertinente para un trabajo, debido a la brecha digital, empezó a quedarse un poco atrás”, indicó Meneses. A esto se suma que no será tan fácil recuperar muchos empleos en negocios que se digitalizaron y, por ende, ahora necesitan menos mano de obra.


El profesor de Historia y psicólogo subrayó que “una de las piezas clave para que las organizaciones no solo se adapten, sino que tengan procesos internos de desarrollo y crecimiento post traumático es la resiliencia organizacional”. Para lograrla, se deben crear ambientes que faciliten esta característica, promoviendo aspectos como el aprendizaje para evitar el estrés y enfrentar mejor las crisis, así como la creatividad. “La resiliencia se puede aprender y entrenar mediante intervenciones psicológicas que han mostrado eficacias” y con ello incidir en los “indicadores de felicidad en el trabajo”.


Entre los recursos de resiliencia, el expositor destacó los refuerzos psicológicos positivos que ayudan a superar el estrés, alcanzar el bienestar y mejorar el desempeño, especialmente las emociones positivas, la confianza en la autoeficacia (cómo la persona se ve a sí misma y de qué se cree capaz), el optimismo, la búsqueda de sentido y significado para el trabajador de sus propias tareas. Meneses sugirió el sistema VIE, que contempla preguntarle a la persona cuánto valora lo que está haciendo, si se le entregan los instrumentos (de tiempo, financieros, equipamiento, personal, etcétera) adecuados para cumplir sus tareas y qué expectativa tiene de lo que puede lograr.


Asimismo, según el doctor en Sociología, contribuye a la resiliencia el cultivar relaciones sociales o interpersonales positivas que “contribuyen al desarrollo, la acumulación y acceso a otros recursos significativos que reducen el estrés y la incertidumbre”. Esto se puede hacer -añadió- readecuando los canales de información para que esta sea eficiente y creando las normas necesarias para regulen un comportamiento organizacional conocido y efectivo.


“Las organizaciones deberían fomentar relaciones positivas entre sus empleados como una fortaleza para afrontar situaciones adversas, pero también como medio para fortalecer el desarrollo personal y profesional”, explicó.


Además de los recursos psicológicos y sociales positivos, Meneses mencionó las prácticas organizacionales saludables como generar una real comunicación entre los distintos niveles, evitar incoherencias como declarar el valor del trabajo en equipo y entregar solo incentivos individuales, no ejercer liderazgos que infantilicen a los y las empleadas y propiciar los espacios para la creatividad para solucionar problemas.


Meneses también afirmó, frente a una consulta, que la felicidad de los y las trabajadoras también se vincula con disponer de más tiempo para estar con la familia y disfrutar de otras actividades, por lo cual la tendencia en países más desarrollado ha sido reducir las jornadas laborales.


Esta charla magistral en línea fue moderada por la profesora Mariana Navia y contó con la presencia de la directora de la Escuela de Ingeniería Comercial, Tania Jakasovic, la directora del Campus Santiago, Valeria Scapini, el jefe de carrera en el Campus Santiago, Juan Egaña, académicos/as, estudiantes y público externo.

 

 

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