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Silvio Caiozzi: “Si no hay apoyo del Estado, desaparece el cine”

“No me cabe duda alguna de que en un país chico como Chile, si no hay apoyo del Estado, desaparece el cine. Así de claro”, sostuvo el célebre director de cine Silvio Caiozzi, en el marco de un conversatorio que se realizó en el teatro del Campus Santiago y que fue organizado por la unidad de Extensión del recinto capitalino junto a la Escuela de Cine de la Universidad de Valparaíso.

Para avanzar hacia un estadio de mayor desarrollo cinematográfico en el país, de acuerdo al realizador “el paso que falta es la promoción del cine. Porque se hacen unas 40 películas al año, pero con suerte la gente se entera de que existen dos o tres. Por lo tanto, llegó la hora de hacer un cambio en la ley que fomente fundamentalmente eso: la promoción. Lo curioso es que lo único chiquitito que había para promoción era lo del BancoEstado, que era para promocionar la película que ya estaba hecha, y eso lo quitaron”.

El director de aclamados filmes como “Julio comienza en Julio (1979)”, “La luna en el espejo (1990)”, “Coronación (2000)”, “Cachimba (2004)” y el documental “Fernando ha vuelto (1998)”, conversó con el director de la Escuela de Cine de la UV, Rodrigo Cepeda, y con el público asistente. Posteriormente, se exhibió su más reciente película, “Y de pronto el amanecer (2018)”, que obtuvo el máximo galardón en el Festival Internacional de Cine de Montreal, entre varios reconocimientos, y ha logrado una gran acogida en diversas ciudades de Europa, Estados Unidos y China.

Durante la conversación, el director abordó su experiencia cinematográfica, incluyendo demandantes desafíos tales como aprender a ganarse la confianza de un pueblo altiplánico (“A la sombra del Sol”, 1974) o mover y reparar viejas casas para recrear un Chiloé que ya no existe (“Y de pronto el amanecer”), así como seguir el vertiginoso ritmo de las giras por numerosos festivales, a los cuales es habitualmente invitado.

A la hora del balance, dijo sentirse “un afortunado” por haber podido dedicarse al cine, que ha sido siempre la mayor pasión de su vida, contando para ello desde muy temprano con el apoyo de sus padres. Caiozzi hizo un llamado a las nuevas generaciones a perseguir sus sueños sin descanso y trabajar en aquello que realmente los apasiona. En el caso de quienes estudian cine, por ejemplo, subrayó que hoy hay muchas más posibilidades para generar contenidos audiovisuales que cuando él comenzó.

Cuando no hay ley, no hay cine

El maestro Caiozzi fue categórico en cuanto a que “si no hay ley, no existe el cine”. Recordó la directa relación entre los períodos de auge del cine chileno y las normativas a favor de la actividad cinematográfica, mientras que durante la dictadura, en que no hubo este apoyo legal, se produjo ninguna o a lo sumo una o dos películas al año.

“Antes del golpe de Estado había una ley a favor del cine, que devolvía los impuestos al productor de una película chilena y lo liberaba de impuestos para la importación de celuloide, cámaras, de lo que fuera. Entonces, existía una ley que permitía que muchos productores decidieran hacer cine. Fue una gran época en que Chile comenzó a producir entre diez y doce películas al año, con autores como Miguel Littín o Raúl Ruiz”, afirmó el director.

Caiozzi prosiguió indicando que “con el golpe de Estado desapareció esa ley y desapareció el cine, que se produjo en situaciones muy esporádicas. Entonces, Chile llegó a producir cero películas al año, una o dos. Hasta que logramos los cineastas, a lo largo de casi una década de hablar y convencer a diputados, senadores y gobierno, que nuestro país debía tener una ley audiovisual; porque no podía estar desconectado del planeta, cuando es un planeta que apunta cada vez más a la condición audiovisual. Fuimos escuchados por suerte y así surgió la Ley del Cine”.

Según Caiozzi, quien ha recibido cerca de cien premios en festivales de cine internacionales como Venecia, Montreal y Biarritz, “gracias a la Ley del Cine, que existe hasta hoy, se están produciendo unas 40 películas al año, más documentales y mediometrajes. Entonces, la diferencia es brutal respecto de la época anterior. Cuando no hay ley, no hay cine. Así de claro”.

Explicó que no obstante la Ley de Fomento al Cine (Nº 19.981, 2004) ha multiplicado las realizaciones, falta mayor apoyo del Estado, sobre todo para la promoción de esas películas.

Para el director también es muy importante respaldar el cine nacional no sólo por los artistas involucrados, sino también por el relevante aporte cultural, ya que contribuye a preservar la memoria histórica y promover la identidad del país.

El sello de un autor

Los asistentes pudieron descubrir en el evento algunas de las claves del particular proceso creativo de Silvio Caiozzi, que lo han convertido en un fiel exponente de lo que se conoce como cine de autor, alguien a quien no le agradan las “recetas” para crear cine.

Parte de su sello distintivo como director es que se involucra emocionalmente a fondo con cada nuevo proyecto, es muy planificado, prolijo con el guion —en su última obra lo trabajó con el escritor Jaime Casas— y durante el rodaje no puede dejar de pensar en la película día y noche.

Para construir los personajes, junto con los actores les investiga “no sólo un pasado, sino también un futuro”. Esto le sirve mucho al actor o a la actriz para hacer el papel, pues sabe “de dónde viene y para dónde va, su propósito o motivación”. Antes de empezar el rodaje de una nueva obra, también observan y conocen a personas de la vida real que se parecen a los personajes que buscan.

Sobre la elección de actores que se repiten en algunas sus películas, como es el caso de Julio Jung, Caiozzi explicó que por su gran versatilidad actoral él ha sabido interpretar muy bien los personajes que tenía pensados y que eran muy distintos entre sí.

Otro elemento reconocible de sus películas es el aspecto geográfico o territorial, dado que estas han sido filmadas en diferentes lugares del norte, centro y sur de Chile. Al respecto, el laureado realizador explicó que la razón es simplemente que “a mí me gusta nuestro país y lo que hay debajo de él. Me interesa mucho el tema de las raíces, de dónde venimos y por qué somos como somos. Pienso que si me apasiono tanto es porque yo también estoy en la aventura de conocerme a mí mismo”.

Caiozzi relató que sus principales influencias artísticas se pueden encontrar en el cine de los años sesenta y principios de los setenta, cuando brillaron cineastas como Bergman, Fellini o Antonioni. En Chile, por otra parte, aprendió mucho del reconocido realizador Helvio Soto, con quien comenzó a trabajar como asistente luego de terminar sus estudios de cine y televisión en Estados Unidos.

Al conversatorio asistieron estudiantes, académicos, funcionarios y vecinos de San Miguel.

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