José Irrazabal, doctor en economía y jefe de carrera de Ingeniería Civil Industrial, explica el “cambio de paradigma en la geopolítica energética global”
El doctor en Economía y jefe de carrera de Ingeniería Civil Industrial, José Irrazabal, realizó un análisis sobre las consecuencias de la actual guerra en Medio Oriente respecto del abastecimiento del petróleo en el mundo, destacando que se está produciendo un cambio de paradigma en la geopolítica energética global.
En este nuevo escenario, que se caracteriza por una crisis de confianza, sostiene que se está “forzando un despliegue de capital y diplomacia hacia nuevas latitudes, buscando diversificar el riesgo geopolítico”. Y, e ese sentido, explica que se observa claramente un resurgimiento del eje sudamericano para la producción del crudo, específicamente en Argentina, Brasil y Guyana.
El profesor Irrazabal concluye que "el mercado petrolero de 2026 ya no es el mismo que conocimos en la década pasada. Estamos ante una geografía de la energía más fragmentada, donde la seguridad del suministro ha desplazado al costo como la variable principal de decisión. Mientras el Medio Oriente lidia con la reconstrucción de su credibilidad, las Américas y Asia Central se consolidan como los nuevos pilares de un orden energético global mucho más diverso y, por ende, resiliente".
A continuación, los fundamentos de esta afirmación:
I. El colapso de la hegemonía del Golfo Pérsico
Históricamente, el equilibrio del mercado petrolero global ha pivotado sobre la estabilidad del Medio Oriente. Sin embargo, en el escenario actual, esa premisa se ha desmoronado. La seguridad de los suministros provenientes del Golfo Pérsico atraviesa su crisis de credibilidad más severa en décadas, obligando a las economías industrializadas a ejecutar una reingeniería urgente de sus matrices de abastecimiento.
La confrontación bélica que involucra a Estados Unidos e Israel frente a Irán ha transformado la región en una zona de alto riesgo para el tránsito comercial. Aunque el Presidente de EE.UU., Donald Trump, ha manifestado su intención de finalizar las hostilidades con celeridad, las secuelas técnicas son profundas. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (AIE), la degradación de la infraestructura energética constituye, por sí misma, un cuello de botella que impedirá el retorno inmediato a los volúmenes de exportación previos al conflicto.
No obstante, el daño más crítico no es físico, sino estructural. Un análisis de Goldman Sachs emitido a finales de marzo advierte que los mercados y los reguladores están internalizando, por fin, los peligros de la excesiva concentración de capacidad ociosa en una zona geográficamente vulnerable. Esta "crisis de confianza" está forzando un despliegue de capital y diplomacia hacia nuevas latitudes, buscando diversificar el riesgo geopolítico.
II. El resurgimiento del eje sudamericano
En este nuevo orden, Sudamérica ha emergido como el baluarte del crecimiento de la oferta no perteneciente a la OPEP tradicional. La Administración de Información Energética de EE.UU. (EIA) ya anticipaba este fenómeno en sus informes de cierre de año, señalando que el crecimiento neto de la producción para 2026 estará anclado en un eje tripartito: Brasil, Guyana y Argentina.
Las proyecciones indican que, de los 800.000 barriles por día (bpd) de incremento global previstos para el cierre de 2026, el 50% provendrá exclusivamente de este trío de naciones. Los datos del primer trimestre de este año validan esta tendencia:
-Brasil: Alcanzó una extracción de 3,9 millones de bpd en enero, lo que representa una expansión del 14,6% interanual.
-Guyana: El nuevo gigante del Atlántico registró cifras de 918.000 bpd en febrero, superando con creces su promedio de 742.000 bpd del año anterior.
-Argentina: Ha logrado un hito histórico de 882.000 bpd, impulsado fundamentalmente por el desarrollo de Vaca Muerta. El crudo no convencional ya constituye el 67% de la oferta total del país, aportando más de 590.000 bpd.
El factor Venezuela
El mapa regional se completa con el inesperado retorno de Venezuela al circuito formal. Tras un cambio radical en el panorama político que incluyó la captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses, la nación con las mayores reservas probadas del planeta ha comenzado a despertar.
Con el levantamiento de sanciones por parte de Washington y una apertura legal hacia el capital privado internacional, el país alcanzó en marzo una producción de 1,1 millones de bpd. Se estima que la industria venezolana podría experimentar un repunte de entre el 10% y el 15% hacia finales de 2026, alterando nuevamente la balanza regional.
III. Norteamérica: autosuficiencia y dominio de mercado
Mientras el mundo busca alternativas, Estados Unidos ha reafirmado su posición como el mayor productor de crudo a nivel global, con una marca de 13,3 millones de bpd en 2025. El discurso de Donald Trump es claro: el país no solo es autosuficiente, sino que está listo para suplir la urgencia energética global ante el cierre de pasos estratégicos como el Estrecho de Ormuz.
El flujo de crudo estadounidense hacia el continente asiático ha alcanzado niveles récord. Según datos de Bloomberg, se prevé que para abril el volumen destinado a este continente llegará a los 60 millones de barriles, duplicando las cifras registradas en el primer bimestre del año. Refinerías en Japón, Corea del Sur y Taiwán están priorizando el crudo americano para blindarse ante la volatilidad del Brent.
Esta urgencia se refleja en los indicadores de precios. El WTI (benchmark estadounidense) superó los US$ 111 por barril, posicionándose por encima del Brent (US$ 109). Este diferencial de precios, analizado por The Wall Street Journal, es un síntoma de "backwardation" extremo. Y es que el mercado está dispuesto a pagar una prima significativamente mayor por entregas inmediatas debido a la incertidumbre del suministro transoceánico.
El rol estratégico de Canadá
En este ecosistema, Canadá ha dejado de ser un actor secundario para convertirse en una fuente crítica de confiabilidad. El oleoducto Trans-Mountain, que conecta Alberta con la costa del Pacífico, opera actualmente a su máxima capacidad técnica. Mark Maki, CEO de la infraestructura, destacó en la conferencia CERAWeek que la demanda asiática, encabezada por China, ve en el crudo canadiense un refugio seguro frente a las disrupciones del Medio Oriente.
Un dato clave es que la producción de Canadá se situó en 6.255.000 bpd al cierre de 2025, consolidándose como el cuarto productor mundial.
IV. La estabilidad de Asia Central y el regreso de Rusia
El panorama se completa con el fortalecimiento de la OPEP+ fuera del eje árabe. En febrero de 2026, la alianza reportó un incremento de 445.000 bpd, alcanzando una producción conjunta de 42,72 millones de bpd. Este repunte tiene un nombre propio: Kazajistán. Con una producción de 1,95 millones de bpd, se ha convertido en el destino predilecto para los inversores que huyen del conflicto. Su estabilidad política se refleja en su prima de riesgo soberano: mientras que otros mercados emergentes han visto encarecerse su deuda en 30 puntos básicos, el diferencial kazajo frente a los bonos del Tesoro de EE. UU. se ha mantenido prácticamente plano.
Empresas como la japonesa INPEX están redirigiendo el crudo de alta calidad del yacimiento Kashagan (Caspio) hacia el mercado nipón, mientras que países en Europa Oriental buscan en este gigante euroasiático el reemplazo definitivo para la energía rusa.
Paradójicamente, la guerra ha rehabilitado la posición financiera de Rusia. La flexibilización táctica de las sanciones por parte de Washington ha permitido que India y China absorban los excedentes que antes estaban bloqueados. India, por ejemplo, duplicó sus compras en marzo hasta alcanzar los 2,06 millones de bpd, un volumen cercano a sus récords históricos.
Incluso con el crudo Urals cotizando por encima de los US$100, el apetito asiático no disminuye. El Peterson Institute califica a Rusia como uno de los grandes "ganadores" financieros del conflicto, estimando ingresos adicionales de hasta US$151.000 millones para 2026 debido al alza de precios y la redirección de flujos hacia el sudeste asiático, incluyendo mercados que antes eran aliados estrictos de EE. UU., como Filipinas.
Producción (bpd 2025):
-Rusia: 9.220.000
-Canadá: 6.255.000
-Kazajistán: 1.955.000
-Brasil: 3.805.000
-Estados Unidos: 13.300.000
Fuentes: Recopilación de informes mensuales (enero 2025 - enero 2026) de la IEA Oil Market Report.